Vuelve la primavera: se intensifican las dermatitis alérgicas

Con la llegada del buen tiempo, a nuestros amigos de cuatro patas, al igual que a sus amos, los atacan las alergias estacionales. Pueden deberse a muchos factores distintos, incluso a la combinación de varios, pero suelen conllevar la aparición de dermatitis alérgicas (afecciones cutáneas producidas por alérgenos).

Los «culpables»: Los agentes que provocan la reacción alérgica.

 
  • Polen (granos microscópicos que utilizan las plantas para reproducirse y que el viento disemina a gran escala, sobre todo en primavera) de árboles, gramíneas y malas hierbas.
  • Parásitos:
    • Ácaros microscópicos del entorno que se encuentran en el polvo y las telas, y que se alimentan de residuos de origen orgánico (caspa, restos de piel muerta, etc.) u otros ácaros (garrapatas, aradores de la sarna, etc.)
    • Caso particular: alergia a la saliva de las pulgas. En los animales sensibles, basta con una o varias picaduras de pulga para que se desencadene una reacción alérgica con un picor intenso.
  • Moho
  • Alérgenos presentes en la comida, etc.
 

Los «cómplices»: Los factores que reducen la protección natural. 

Debilitan la capa protectora de la piel, y con ello hacen que sea más sensible y permeable a la penetración de los alérgenos.

  • Agresiones químicas (aplicación de productos cosméticos aptos para personas pero inadecuados para animales, utilización de productos de limpieza demasiado fuertes, etc.)
  • Agresiones climáticas (calor, frío, sequedad o contaminación atmosférica)
  • Predisposición genética (Bulldog francés, Terriers, etc.)
 

El «delito»: La dermatitis alérgica

La dermatitis alérgica se debe a una reacción inadecuada del sistema inmunitario que se manifiesta en la piel: el cuerpo considera extraños y peligrosos elementos que por lo general son muy poco o nada nocivos para él. A continuación desencadena una serie de reacciones de defensa contra los agresores.

Esta reacción suele ir asociada a una piel dañada (barrera cutánea debilitada). Debido a ello aumenta la pérdida de agua (intensificación de la sequedad cutánea), y los alérgenos penetran cada vez con mayor facilidad («círculo vicioso»). A veces, los gérmenes colonizan las zonas dañadas y son el origen de infecciones cutáneas secundarias.

¿Cuáles son los síntomas?

Enrojecimiento, picor y sequedad, que producen incomodidad e incluso dolor al animal. 
En algunos casos graves, la inflamación y las rascaduras son intensas, y al final la piel adquiere un aspecto rugoso, grueso y apagado denominado «piel de cocodrilo».
 

¿Cuándo acudir al veterinario?

Cuanto antes, tan pronto como note que el animal se rasca o se mordisquea de forma inusual, o si observa la aparición de costras, caídas localizadas del pelo, enrojecimiento u olor a rancio.

Su veterinario intentará averiguar la causa tras preguntarle extensamente sobre la aparición de los síntomas cutáneos, su evolución a lo largo del tiempo o una posible recaída. Según sea el origen probable, le ofrecerá un tratamiento médico adecuado para aliviar el picor y mejorar la salud de su mascota, y le recetará corticoides o antihistamínicos, por ejemplo. También es probable que el veterinario prescriba algunos productos complementarios (champú, pipetas, espray, etc.) para aplicar directamente sobre la piel, con el fin de reforzar la barrera cutánea protectora. Además, estos productos ayudan a menudo a reducir la dosis del tratamiento médico, sus efectos secundarios, y la duración del mismo, mejorando a la vez el confort del animal. 

Dra. Isabelle Mennecier, veterinaria

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