Los gatos y el embarazo: ¿ya conoces los riesgos?

El embarazo, si bien viene acompañado de mucha alegría, también conlleva muchas limitaciones, ¡empezando por la dieta!
Tu médico te habrá hablado de la salmonelosis, la listeria, la toxoplasmosis… y puede que te haya hecho una pregunta que te sorprendió bastante: ¿Tienes un gato?

Y te has preguntado, ¿cuál es la relación entre los gatos y el embarazo?

El gato puede ser portador de un parásito, el Toxoplasma gondii, que haya cogido cazando diferentes animales (ratones, pájaros) y que se instala en su intestino. El parásito se propaga a través de los excrementos del gato, que pueden afectar a la mujer embarazada si entra en contacto con la arena del gato: a esto se le conoce como toxoplasmosis.

En cuanto a los gatos de apartamento, las posibilidades de que sean portadores del parásito son mucho menores, ya que no consumen carnes crudas ni alimentos de baja higiene y, además, ¡en los apartamentos no hay ratones!

¿Qué es la toxoplasmosis?

La toxoplasmosis es una enfermedad parasitaria que podemos contraer en cualquier momento de la vida, pero que se vuelve especialmente peligrosa durante el embarazo, por lo que debemos prestar especial atención en esta época. Normalmente, los síntomas pasan casi desapercibidos, como si se tratara de un resfriado, tras lo cual, la persona queda inmune de por vida. Sin embargo, durante el embarazo, el riesgo es mucho mayor, ante todo para el feto, si la persona no ha sido inmunizada previamente. La toxoplasmosis puede provocar una desaceleración en el desarrollo o una malformación del feto.

Las embarazadas no inmunizadas contra la toxoplasmosis, deberían seguir un régimen alimenticio rígido, ya que el riesgo de contraer toxoplasmosis a través de los alimentos es mucho mayor que el de contraerlo por estar en contacto con la arena del gato. Es crucial evitar carne cruda o poco cocida que podría ser portadora del parásito, lavar bien las frutas y verduras antes de consumirlas, sobre todo las que provengan directamente del suelo (lechugas, zanahorias etc.), ya que pueden estar contaminadas por las heces de gato.

Basta con un simple análisis de sangre para saber si la futura mamá es inmune y, de no ser el caso, se tendrá que realizar un control cada mes para darle un seguimiento adecuado.

Los gatos y las embarazadas: ¡sí pueden convivir!

Si una embarazada no inmunizada tiene gatos, basta con unas cuantas precauciones para disminuir los riesgos de la contaminación.

  • En general, evitar el contacto con cualquier objeto que pueda estar contaminado por las heces de gato. Si tienes que manejar la arena, usa guantes desechables.
  • Es importante recordar que el gato hace sus necesidades en la arena. Incluso si se mueve en el exterior, sus garras pueden entrar en contacto con la tierra o la arena. Intenta evitar el contacto con el gato y sobre todo los arañazos.
  • Es recomendable lavarse bien las manos después de cada mimo.
  • Dormir con el gato también supone un riesgo, por lo cual es aconsejable evitar este ritual durante el embarazo.

Es decir, durante el embarazo, no es necesario que te separes de tu gato, solo es importante tener un poco de cautela y mantener algo de distancia con tu bola de pelo

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